Cancún se impone ante el mundo como uno de los destinos turísticos más exitosos de México. Hoteles de primer nivel, playas de arena blanca y una industria que no se detiene ni un solo día proyectan una imagen de abundancia.
En la ciudad existen alrededor de 150 asentamientos irregulares donde más de 200 mil habitantes viven con acceso nulo a agua potable y drenaje.
Pero, a pocos kilómetros de la zona hotelera, lejos de los reflectores, miles de niñas y niños crecen en condiciones que contrastan con ese discurso de prosperidad: sin agua potable constante, sin drenaje y con servicios básicos incompletos.
La paradoja no es menor. En pleno 2026, mientras el destino rompe cifras en llegada de turistas, amplios sectores de su población enfrentan rezagos estructurales. Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan la dimensión del problema: el 24.4 % de la población de 0 a 17 años en Quintana Roo presentaba carencia por acceso a servicios básicos en la vivienda.
A grandes rasgos, esto equivale a alrededor de 136 mil niñas, niños y adolescentes. La entidad se ubicó como la décima con mayor porcentaje de población infantil en esta condición a nivel nacional.

Este indicador no es una estadística aislada, sino el reflejo de una desigualdad persistente. En la actualidad, se estima que cerca del 12 % de la población en el estado continúa enfrentando carencias en servicios esenciales, una situación que impacta directamente a unos 65 mil menores en Cancún, quienes dependen de pozos artesanales o del suministro irregular de pipas para acceder al agua.
A decir del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el acceso al agua potable y al saneamiento es un derecho humano fundamental, especialmente para la niñez.
Sin embargo, en Cancún este derecho sigue sin garantizarse plenamente. La falta de infraestructura básica no sólo limita la calidad de vida, sino que expone a los menores a riesgos constantes de salud.
De acuerdo con Alejandro López Tamayo, director general de Centinelas del Agua, en la ciudad existen alrededor de 150 asentamientos irregulares sin servicios básicos, donde más de 200 mil habitantes viven con acceso limitado o nulo a agua potable y drenaje.

Colonias como El Pedregal y Tres Marías son ejemplo de un rezago que se ha prolongado por más de dos décadas, entre promesas incumplidas y soluciones que no llegan. Niñas y niños crecen en entornos donde las aguas residuales, la acumulación de basura y la proliferación de vectores forman parte de la vida cotidiana.
La desigualdad también se traduce en barreras para la educación. En comunidades de la zona continental de Isla Mujeres y periferias de Cancún, los menores deben recorrer entre tres y cinco kilómetros para asistir a la escuela o acceder al transporte público, cuyo servicio es limitado.
En muchos casos, el costo del traslado puede representar hasta el 30 % del ingreso diario familiar, obligando a tomar decisiones que afectan la permanencia escolar.
Más allá de los récords turísticos, el verdadero reto está en cerrar la brecha que separa el lujo de la precariedad y en garantizar que miles de niñas y niños no sólo sobrevivan en la periferia, sino que crezcan con dignidad y oportunidades reales. Conste.
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