El 19 de agosto, un vagón del Tren Maya se descarriló en la estación Izamal, en Yucatán. Se trata de un accidente más de una de las obras más importantes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el líder de Morena.
El Tren Maya fue inaugurado, por primera vez, el 15 de diciembre de 2023. Sólo hay algo que iguala a las cinco inauguraciones del Tren Maya, en un año y ocho meses: ¡los cinco accidentes reportados en el mismo plazo! AMLO afirmó que el tren beneficiaría a todos los indígenas del sureste mexicano, quienes estarían muy agradecidos.
El Tren Maya es una costosísima ocurrencia de la escasa capacidad en materia económica de López Obrador y fue pensado casi exclusivamente como un transporte de turistas, quienes tampoco le hacen mucho caso.
Pero la construcción es tan mala e inoperante que ya se les descompuso cinco veces: el 25 de marzo de 2024, un tren se quedó parado en Tixkokob por falta de energía; el 18 de septiembre de 2024, se paró cuatro horas por el mismo motivo en Candelaria, Campeche; el 30 de enero, en la estación Limones de Quintana Roo, se descarriló un tren cargado de balasto; el 26 de junio, ocurrió un incendio en la estación de Felipe Carrillo Puerto.
Esos son los “pequeños” problemas del Tren Maya, la obra cumbre de AMLO, y que Claudia Sheinbaum quiere ampliar a Guatemala y a Belice. O sea, inaugurándose y descomponiéndose.
En el caso del Tren Maya, diseñado para conectar los cinco estados del sureste mexicano, la idea del gobierno de “El Peje” era gastar alrededor de 150 mil millones de pesos; no obstante, al cierre del sexenio el costo se disparó hasta rozar los 500 mil millones de pesos, según analistas económicos.
Es decir, se gastó más de lo presupuestado, como sucede siempre que el gobierno no hace bien el proyecto o cuando los responsables se roban el dinero. Además, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó posibles daños al erario por 785 millones de pesos por el Tren Maya.
Se trata de una construcción sumamente agresiva con la naturaleza: durante su construcción se talaron más de 3.4 millones de árboles, se destruyó una parte importante de la selva y se dañaron o afectaron varios cenotes.
El Tren Maya no estuvo pensado como un sistema de distribución de materias primas y mercancías en el sureste mexicano, a pesar de que atraviesa cinco estados: Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. No fue pensado como un sistema para fortalecer económicamente la zona y generar, como parte de ese desarrollo, empleos con buenos salarios, producción de mercancías y flujo constante de dinero para que la gente de allá salga de la pobreza en la que vive, en donde el hambre y la miseria son la constante.
El Tren Maya es una costosísima ocurrencia de la escasa capacidad en materia económica de López Obrador y fue pensado casi exclusivamente como un transporte de turistas, quienes tampoco le hacen mucho caso.
El 22 de mayo, el diario El Financiero afirmaba que “no ha sido un atractivo para los turistas internacionales que llegan al país, pues sólo seis de cada 100 pasajeros que han usado el ferrocarril desde su inicio han sido extranjeros”, porque los turistas lo que buscan son las playas y los bares nocturnos de la zona. Además, porque el Tren Maya tampoco compite con el sistema de autobuses y camionetas que llevan a los turistas a la zona maya y tampoco es usado —porque es muy caro— por los trabajadores.
El Tren Maya consumió muchos miles de millones de pesos que, debido a eso, no se destinaron a las escuelas, clínicas, vivienda u obras de servicios básicos de los mexicanos del sureste del país, quienes ahora tienen un tren gigantesco —pero mal construido— y siguen, como siempre, sin luz eléctrica en sus casas, sin maestros en sus escuelas, sin médicos ni medicinas en las clínicas o sin un trabajo con buen salario para alimentar a sus familias.
El Tren Maya demuestra que Morena no tiene ni idea de lo que se debe hacer en el país. Por eso, urge un gobierno popular que sí sepa cómo atacar los problemas de México, como la pobreza.
Es necesario organizar a la vanguardia proletaria y campesina que sepa liderar a las masas mexicanas para tomar el poder y cambiar, para bien, la política y la economía. Todo lo demás es seguir jugando a la democracia, misma que no le ha resuelto los problemas a la gente más pobre y humilde del país.
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