MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Huehuetla: productores de café, en la pobreza

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  • La falta de caminos y maquinaria obliga a campesinos de la sierra Otomí-Tepehua a vender sus cosechas a precios irrisorios 

Huehuetla, Hgo. El sol apenas comienza a iluminar las veredas de terracería que comunican las comunidades cafetaleras de este municipio de la sierra Otomí-Tepehua. 

Don Fortino Hernández ajusta el costal de 40 kilogramos sobre su espalda y emprende el camino que, durante más de tres horas, lo llevará desde su parcela hasta el punto donde, con suerte, encontrará quien le compre su cosecha.

“A veces ni para el pasaje nos alcanza. Aquí el café se paga como quiere el coyote, no como vale”, dice mientras se limpia el sudor de la frente con un paliacate desgastado.

Su testimonio refleja la realidad que viven cientos de productores en esta región, donde el 75.8 % de la población vive en situación de pobreza y apenas el 2.2 % se considera no pobre y no vulnerable, de acuerdo con las mediciones oficiales más recientes.

Han pasado cuatro meses desde que la vaguada monzónica devastó más de 8 mil hectáreas de cultivos en el estado de Hidalgo, afectando principalmente cosechas de maíz, frijol y café en municipios como Huehuetla. 

La emergencia dejó pérdidas millonarias para los pequeños productores, pero los apoyos gubernamentales no han llegado. Napoleón González Pérez, titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Hidalgo (Saderh), reconoció recientemente que no se ha realizado la entrega de ayudas a los campesinos afectados por las inundaciones.

Indalecio Mejía Mejía, líder social en la región Otomí-Tepehua, señala: “Aquí en Huehuetla la geografía es una limitante, los caminos están abandonados, no hay maquinaria para procesar el café. Los programas de gobierno son parches que no resuelven el problema de fondo: el cafetalero sigue vendiendo su cosecha a precio de hambre mientras el intermediario se queda con la ganancia”.

La falta de infraestructura carretera adecuada para el traslado de mercancías y la lejanía respecto a centros urbanos importantes han perpetuado un sistema de comercialización desigual. Los acaparadores —conocidos en la región como “coyotes”— aprovechan el aislamiento de las comunidades para imponer precios bajos.

“El año pasado me pagaron a seis pesos el kilogramo de café cereza”, cuenta don Fortino mientras muestra con sus manos callosas el grano que ha cosechado. “Luego uno va a la tienda y ve el café ya tostado en 350, 400 pesos. Algo anda mal, ¿no? El que trabaja la tierra es el que menos gana”.

Mejía Mejía enfatiza que “mientras el productor no tenga cómo llevar su café al mercado, mientras los caminos sigan siendo de terracería, el coyote va a seguir mandando”.

De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, en México existen 500 mil productores de café, de los cuales 95 % son pequeños productores y 75 % pertenecen a un pueblo originario.

Para 2026 se proyecta la compra de 68 toneladas de café tostado y molido, con un valor aproximado de 20 millones de pesos, por parte de dependencias federales, a través de la Tienda digital del gobierno de México.

El subsecretario de Agricultura, Leonel Cota Montaño, ha señalado que entre las acciones clave se encuentra la integración del café a la red de suministro de Alimentación para el Bienestar bajo un modelo de comercio justo.

Pero en Huehuetla, esas cifras suenan lejanas. “Todo eso está en la Ciudad de México”, comenta don Fortino mientras guarda su costal. “Aquí lo que necesitamos es que alguien nos compre el café a un precio justo, que nos ayuden a mejorar nuestros caminos, que la ayuda que prometieron después de la inundación llegue de una vez. Nomás pedimos que nos volteen a ver”.

El segundo problema, igual de grave, es la falta de maquinaria y procesos técnicos que permitan al productor darle valor agregado a su cosecha. “Aquí todo se hace a mano, como hace generaciones. Cortamos el café, lo despulpamos manualmente, lo secamos al sol en patios de tierra si es que tenemos patio. Y así, en café cereza o pergamino, es como lo vendemos. El que gana de verdad es el que tiene el beneficio húmedo, la máquina de tostar, el empaque bonito. Ese no está en Huehuetla”, denuncia Don Fortino.

Mejía Mejía, líder antorchista en la región, insiste en que la tecnificación no debería ser un lujo, sino una política pública prioritaria. “Los campesinos de Huehuetla necesitan cosas básicas para producir: despulpadoras, tanques de fermentación, secadoras, que permitan mejorar la calidad del café y, sobre todo, venderlo a un mejor precio. Porque hoy, el café de Huehuetla se va en costales, se procesa en otros lados, se tuesta y se empaca con otras marcas, y el que lo sembró no ve ni el 10 % de lo que termina costando en la ciudad. Aquí siguen poniendo la mano de obra barata los campesinos para que otros se enriquezcan con su trabajo.

No es justo que en pleno 2026, los cafetaleros de Huehuetla sigan cargando costales en la espalda, todo para que reciban unos cuántos pesos por su trabajo. Urge un verdadero plan de tecnificación y construcción de infraestructura carretera en la región Otomí-Tepehua, sin esto, la pobreza y atraso en la región seguirá, no bastan los apoyos monetarios ni transferencias”, concluye Indalecio Mejía.

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