MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Carlos Ayance y su lucha por un Huitzilan pacífico y de progreso

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• Nacido en 1949, lideró la transformación del municipio con obras y organización antorchista

 

“Aquí estoy para vivir

mientras el alma me suene,

y aquí estoy para morir,

cuando la hora me llegue,

en los veneros del pueblo

desde ahora y desde siempre.

Varios tragos es la vida

y un solo trago la muerte”.

Miguel Hernández, “Sentado sobre los muertos” (fragmento).

 

Don Carlos Ayance de Gante, indígena huitzilteco y líder del pueblo trabajador, nació el 22 de agosto de mil 949. De familia humilde, aprendió a leer y a escribir y creció en medio de un clima de explotación y de concentración de la riqueza producida por los huitziltecos en manos de unos cuantos caciques, que con su poder económico se encumbraron en el dominio de Huitzilan y lo sometieron más tarde al oscurantismo, a la ignorancia, al olvido y, después, a una de las violencias más brutales que terminó con la vida de cientos de pobladores.

“Su posición más importante fue haber decidido ser un revolucionario guiado por los ideales antorchistas, antorchista hasta el último aliento”.

Fue esta condición la que obligó a centenares de familias a abandonar sus hogares y a refugiarse en los municipios aledaños; allí se formó la semilla revolucionaria de la cual don Carlos fue parte importante, pues él, junto con otros compañeros igual de valientes e inteligentes, buscó regresar y pelear por sus tierras, por sus hogares, por su pueblo.

De la mano de Antorcha Campesina regresaron, con la fuerza que sólo da la unidad, la fraternidad y la lucha, un 21 de marzo de mil 984 a Huitzilan de Serdán.

A don Carlitos y a otros compañeros les tocó la parte difícil de pacificar a su pueblo. Su cuerpo guardó durante décadas las cicatrices y también las balas de los carroñeros que gustaban de ver a Huitzilan postrado; les tocó después recoger a pedazos lo que había quedado de Huitzilan y, junto con sus compañeros, también lo comenzaron a levantar sobre sus ruinas.

Le tocó luchar por llevar el agua potable a los hogares, aperturar caminos, impulsar la electrificación, el drenaje, calles pavimentadas, escuelas y espacios deportivos para los jóvenes, cosas que cualquier pueblo debería tener de manera elemental, pero que habían sido negadas a los huitziltecos desde hacía décadas. 

Le tocó ser presidente de mil 990 a mil 993 y, como buen antorchista, supo desempeñar el cargo con desinterés, con abnegación y con un inmenso cariño a su pueblo.

Además de presidente municipal, durante su vida tuvo muchos cargos que desempeñó con lealtad a los ideales colectivos; pero, sin duda, su posición más importante fue haber decidido ser un revolucionario guiado por los ideales antorchistas, antorchista hasta el último aliento. 

En su organización siempre estuvo, sin titubeos, en la primera línea de batalla, uno de los grandes líderes del pleno central que llevó, paso a paso, a la construcción del Huitzilan pacífico y moderno que actualmente contemplamos.

Don Carlos Ayance de Gante nos deja un gran ejemplo que no sólo debemos admirar, sino, más importante aún, debemos trabajar día a día como él siempre lo hizo: levantar la bandera del antorchismo y luchar para que Huitzilan continúe por el camino que hombres como él han enseñado, por un futuro más próspero y de mejores condiciones para sus nuevas generaciones.

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