MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Cómo combatir la deshumanización del individuo en nuestra era

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• Tras 50 años de labor social, Aquiles Córdova llama a frenar el egoísmo generado por el actual sistema de consumo

En esta ocasión presento a todos ustedes parte de los últimos conceptos que ha dicho públicamente el 7 de junio, en el homenaje a los mártires antorchistas en Tecomatlán, Puebla, el secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, el maestro Aquiles Córdova Morán, conceptos políticos extraídos por él a través de una larga, y en lo personal riesgosa experiencia de lucha de más de 50 años, el creador y líder de los antorchistas organizados del país.

El capitalismo no sólo explota económicamente al trabajador; también moldea su manera de pensar y de sentir, porque para que el sistema funcione necesita individuos aislados.

Para todos nosotros, sus palabras son un bálsamo que reconforta y confirma que vamos por el camino correcto siguiendo y aplicando sus valiosas y expresivas tesis de guía. México cambiará, con seguridad, siguiendo y aplicando nosotros sus valiosas palabras.

"Vivimos tiempos dolorosos. ¿Ven ustedes cómo están los israelíes masacrando a los palestinos en Gaza? ¿Y quién se conmueve? ¿Quién levanta la voz con fuerza para denunciar tanta injusticia? Muy pocos. No hay compasión en el mundo, el hombre parece haber perdido la capacidad de indignarse ante el dolor de sus semejantes. Vemos matar con la peor saña a hombres y mujeres que están en su tierra por gente que quiere quitarles lo que les pertenece, su propia tierra, que tiene un ejército poderoso y que está contra un pueblo que no tiene la defensa suficiente. Y, sin embargo, nadie se molesta, por lo menos nadie de los que tienen voz resonante y recursos de otra naturaleza para hacerse oír y señalar la injusticia. Hay silencio total".

Las palabras del maestro son demoledoras porque describen con precisión la tragedia de nuestra época, donde el dolor humano ha dejado de conmovernos. La repetición constante de guerras, hambre y violencia en los medios de comunicación ha provocado que millones de personas vean la muerte ajena como un espectáculo cotidiano, en donde el sistema nos ha acostumbrado a convivir con el horror hasta volvernos indiferentes.

"Las imágenes de muerte y destrucción pasan frente a nuestros ojos todos los días y terminan convirtiéndose en algo ‘normal’. El hombre ha dejado de ser compasivo, ha dejado de ser sensible al dolor ajeno, porque así lo está fomentando, y con toda intención, el modo de producción capitalista, que es la verdadera peste de la humanidad".

Y esta afirmación merece una reflexión profunda. El capitalismo no sólo explota económicamente al trabajador; también moldea su manera de pensar y de sentir, porque para que el sistema funcione necesita individuos aislados, egoístas y preocupados únicamente por su beneficio personal. Un hombre solidario y sensible representa un peligro para un sistema basado en la competencia salvaje y en la ley del más fuerte.

"La humanidad se debate en una deshumanización, como si fuéramos rocas que no sienten; en una descomposición moral y en una descomposición sentimental que nos hace ver a unos y otros como enemigos. Poco a poco se nos está convirtiendo en seres incapaces de sentir solidaridad, cariño o empatía".

Aquí el maestro toca uno de los problemas más graves de nuestro tiempo: la destrucción de los vínculos humanos. Hoy se promueve la idea de que el éxito individual está por encima del bienestar colectivo. Entre nosotros, lejos de reinar la solidaridad, la amistad y el cariño, reina la desconfianza, reina la astucia para sacar ventaja del otro, la mezquindad, la ambición y el egoísmo. 

Entre los seres humanos, lejos de florecer la fraternidad y la ayuda mutua, se fomenta el individualismo, y la idea de que cada quien debe salvarse solo.

Esta realidad no surgió espontáneamente. Es consecuencia de décadas de una ideología que glorifica el dinero, el éxito material y el consumo desenfrenado. El capitalismo necesita individuos divididos porque un pueblo unido, consciente y solidario tendría fuerza para transformar la sociedad. Por eso se ataca constantemente toda forma de organización colectiva y toda idea de fraternidad humana.

"Y todo eso es un mal todavía peor que la pobreza, más grave que la falta de hospitales, de vivienda o de servicios públicos, porque un pueblo que pierde la sensibilidad termina perdiendo también la capacidad de luchar por la justicia…".

Y tiene razón. Un pueblo desmoralizado, indiferente y egoísta puede soportar durante años las peores injusticias sin rebelarse. Porque cuando se pierde la sensibilidad humana también se pierde la capacidad de indignarse y de organizarse para cambiar las cosas. Por eso la batalla por rescatar los sentimientos nobles del hombre es también una batalla profundamente política.

"Los celulares agitan a los individuos para que compren, para que consuman. Mucha de la deshumanización y muchos de los grandes problemas de la humanidad se deben, precisamente a la propaganda del consumo. Pero no nos ponemos a pensar quién está tan interesado en vendernos eso, y yo les voy a decir quién es: el capital y los capitalistas".

La tecnología, que podría servir para educar y elevar culturalmente a la humanidad, ha sido convertida en un instrumento gigantesco de manipulación. Las redes sociales y la publicidad bombardean diariamente a las personas con mensajes que las empujan a consumir cosas innecesarias y a medir su felicidad por lo que poseen. 

El hombre moderno vive distraído, atrapado en una avalancha de información superficial que le impide reflexionar sobre los grandes problemas sociales.

"El capitalista no produce para él, produce para ustedes, para el público, pero no regalado. Y está siempre buscando que sus obreros aumenten la productividad, es decir, producir más mercancías por menos dinero. ¿Y entonces qué sucede? Que sobran mercancías, pero esas mercancías tienen que venderse. Porque si no se venden, entonces se acabó el negocio para ellos".

El maestro explica aquí, de manera profunda, una de las contradicciones fundamentales del capitalismo: producir cada vez más para obtener más ganancias. Pero como las mercancías deben venderse, entonces el sistema necesita crear consumidores compulsivos. De ahí la publicidad agresiva, el bombardeo comercial y la fabricación artificial de necesidades.

"Muchas veces se habla del consumismo como si fuera culpa de la gente, pero la realidad es otra: la gente es víctima de un sistema económico que necesita convertir todo en mercancía, incluso los sentimientos, la cultura y las relaciones humanas".

Y quizá esta sea una de las características más perversas del capitalismo moderno: todo se compra y todo se vende. La música, el arte, la educación, la información e incluso el afecto humano terminan subordinados al dinero. El valor de las personas ya no se mide por su calidad humana, sino por lo que poseen o producen económicamente.

"El capitalismo nos está deshumanizando, y el cerebro del hombre da para más. Hay que acabar con la deshumanización. Para crear a un tipo de hombres más humanos, o cuando menos para darle la lucha a la insensibilidad, a la deshumanización de que estamos siendo víctimas, una de las armas más poderosas es la cultura".

Esta idea tiene enorme importancia. Porque la verdadera cultura eleva el pensamiento, despierta la sensibilidad y fortalece el espíritu humano. Un pueblo culto es más difícil de manipular porque aprende a pensar críticamente y a comprender las causas profundas de sus problemas.

Por eso el Movimiento Antorchista ha impulsado durante décadas la poesía, la música, la danza, el teatro y las bellas artes entre las clases trabajadoras. Porque la cultura ayuda a rescatar la esencia humana que el capitalismo intenta destruir.

"Para Antorcha no hay culpables personales de todo lo que estamos padeciendo, no, yo no estoy hablando contra Claudia Sheinbaum, ni contra Donald Trump. No. Como dijo Carlos Marx, la lucha no es contra un individuo determinado. La lucha es contra el sistema, contra el modo de producción capitalista. La lucha es contra el sistema explotador. Hay que acabar con el sistema de producción de mercancías que le permite al capitalista explotar el trabajo de los demás".

Aquí hay una enseñanza política fundamental. Muchas veces la gente cree que cambiando a un gobernante cambiarán automáticamente los problemas sociales. Pero el maestro recuerda una verdad esencial del marxismo: mientras exista el mismo sistema económico, seguirán reproduciéndose la desigualdad, la pobreza y la explotación.

Y para realizar con éxito, para triunfar contra el sistema capitalista de producción que sólo sabe explotar el trabajo ajeno y enriquecer hasta la locura a unos pocos que se han adueñado del planeta, hay que organizarse con los de nuestra clase, los trabajadores, los que viven y padecen día a día sosteniendo sobre sus espaldas al sistema capitalista en la fábrica, en el campo. Organizar a todos los que sufren las injusticias sociales.

Organizarnos para luchar, adquirir en este proceso la cultura universal y cultura política, e irnos preparando para tomar el poder político con el pueblo trabajador y avanzar a una sociedad más humana, de verdadera fraternidad en toda la sociedad. Esto es lo que viene haciendo el Movimiento Antorchista Nacional con todas sus fuerzas en México.

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