MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La depresión, un mal social

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52 nuevos casos de depresión en Tabasco se detectaron tan solo en la semana comprendida entre el 15 al 21 de febrero; con lo que suman en la entidad un total de 331 diagnósticos en lo que va del año; según El Heraldo de Tabasco del 5 de marzo del presente año.

A nivel nacional el 78 % de las atenciones infantiles en salud mental corresponden a este padecimiento, vinculado a la precariedad económica.

De acuerdo con el reporte, del total de casos registrados, 102 corresponden a hombres y 229 a mujeres, lo que refleja una mayor incidencia en la población femenina. Aunque este dato representa para la Secretaría de Salud una disminución en el número de diagnósticos con respecto al mismo periodo del año pasado, cuando sumaron 421 casos, las autoridades señalan que la problemática de salud mental persiste y requiere atención permanente, ya que no hay indicios de que las causas que generan el mal estén siendo combatidas.

El problema es preocupante dado que a nivel nacional, siete de cada diez adolescentes presentan problemas de ansiedad, depresión y trastornos de conducta.

Save the Children, en su diagnóstico “Salud mental de niñas, niños y adolescentes en México”, dado a conocer el pasado 3 de marzo del presente año, indica que en 2024, el sistema público registró 144 mil 897 atenciones en salud mental en población de cinco a 19 años; de los cuales el 78 % padecía problemas de depresión; y más de la mitad de estas atenciones se concentraron en Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Tabasco y Guerrero, estados que a su vez registran altos índices de problemas económicos y sociales. 

Cabe mencionar que este trastorno mental también afecta a 280 millones de personas en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Datos del Inegi indican, por otro lado, que en 2024 se registraron 9 mil 051 muertes por suicidio en el país, la cifra más alta de los últimos años.

El informe de Save the Children señala que factores como violencia, pobreza, discriminación, inestabilidad familiar y aislamiento social pueden interactuar y acumularse, incrementando la vulnerabilidad emocional desde edades tempranas. 

Ante esta situación la respuesta no puede centrarse únicamente en atender casos cuando ya son graves, sino en fortalecer estrategias de prevención, detección temprana y acompañamiento sostenido en entornos escolares y comunitarios; acciones que, como sabemos, brillan por su ausencia.

Sin embargo, aunque existieran las instituciones y los canales adecuados para una atención oportuna a estos problemas de carácter emocional, es claro que persistirían si no se atacan las causas que los motivan. No se trata, pues, sólo de encontrar una buena orientación a tiempo y apoyo adecuado, sino de eliminar los problemas sociales que provocan el desequilibrio mental de niños y jóvenes.

¿Qué pasa cuando un niño que se enfrenta a los cambios propios de su desarrollo biológico, se encuentra al mismo tiempo con carencias de ropa, calzado o alimento; padres desempleados o con salarios que no alcanzan a solventar las necesidades de la familia; o que él mismo tiene que trabajar para ayudar al ingreso familiar? Evidentemente que en estos casos ninguna orientación y asesoría por muy profesional que sea podrá arrancarlo de su depresión si no le ofrece una alternativa diferente de existencia.

Es decir, que la situación material en que viven quienes padecen este tipo de problemas en la mayoría de los casos, es la que provoca su depresión e inestabilidad. Podría alegarse que se presentan casos donde el joven o adolescente cuenta con todas las comodidades pero carece de atención de los padres; aun en este caso aplica la condición anterior, ya que los padres se ven obligados a invertir casi la totalidad del tiempo en procurarse el sustento y satisfacer sus necesidades primordiales destinando menos horas a la convivencia familiar. 

Además, no son pocos los casos donde los problemas económicos provocan la desintegración de la familia, que a su vez, es causa del deterioro de la salud emocional de los hijos. 

La ubicación geográfica de estos padecimientos también nos dice mucho: si el Estado de México y otros estados se han convertido en lo que muchos llaman una “ciudad dormitorio” porque sus habitantes gastan varias horas del día para acudir al trabajo y llegan a su casa solo a dormir, en detrimento de la atención a los hijos, estados como Tabasco y Guerrero son, por su parte, entidades donde priva la pobreza provocada por el desempleo, los bajos salarios y la gran inseguridad que ahí prevalece. 

De los pocos empleos que existen en Tabasco, por ejemplo, más del 62 % corresponden al autoempleo y al comercio informal.

Como conclusión podemos decir que si realmente hay preocupación por disminuir los índices de la depresión y mejorar la salud de los mexicanos en general, y de los tabasqueños en particular, no hay otra alternativa para las autoridades más que combatir en serio la marginación, la pobreza, el desempleo y los bajos salarios. Ninguna orientación surtirá efecto, por más oportuna que sea, si no se combaten, como ya quedó dicho más arriba, todos estos males.

Los jóvenes que se encuentran en los casos que estamos comentando, no podrán superar su estado de ánimo mientras se encierren en sí mismos buscando dentro de su conciencia el mal que se encuentra fuera de ella, en la realidad que nos rodea. 

Ya hace muchos años que nuestra organización le ha propuesto a adolescentes y jóvenes unirse a la lucha por transformar este país donde reina la desigualdad social, en un México más justo y más próspero. 

La solución a muchos males está en abandonar los lamentos y emprender la lucha por construir lo que este sistema social nos ha negado. Eso es lo que le dará verdadero sentido a la vida.

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