MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La trascendencia de las Espartaqueadas Deportivas

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  • El deporte popular enfrenta la mercantilización capitalista y encuentra en Tecomatlán un modelo social alternativo

Recordemos que el capitalismo es un sistema caracterizado por la búsqueda de la máxima ganancia y el afán de acumulación. Así lo reflejan los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi): el 10 % más pobre de la población mexicana percibió apenas 2 mil 168 pesos mensuales por persona, mientras el 1 % más rico obtuvo ingresos promedio de 958 mil 777 pesos mensuales. 

Esta brecha, donde el sector más acaudalado gana 442 veces más que el más pobre, evidencia una desigualdad abismal. A pesar de que los trabajadores mexicanos ocupen el tercer lugar en América Latina con más horas trabajadas semanalmente, con 45.2, sólo por detrás de Colombia con 46.6 y Guatemala con 45.3, el capital exprime a los trabajadores como limones y tira luego la piel.

¿Qué hombre necesita el capitalismo para su propia reproducción? Uno que acepte el statu quo, que contemple con familiaridad su explotación. Necesita un hombre indiferente ante todo sentimiento de solidaridad; no busca colocar en primer lugar el desarrollo armonioso del individuo junto con sus semejantes; lo que interesa es alcanzar la máxima ganancia utilizando cualquier método.

La sociedad de la ganancia y la competencia forma al hombre malagradecido, que sólo sabe y entiende lo que le deja algún provecho personal. En esta sociedad todo es mercancía y se enseña a sacar el máximo provecho; a que cada quien se rasque con sus propias uñas y a que cada quien le haga como pueda.

Es el todos contra todos, a pesar de que la clase trabajadora siempre esté condenada al fracaso si lucha y trabaja de manera aislada, sin reconocerse con los suyos ni formar un solo bloque de hierro, como un solo hombre y un solo ideal. Al capital solo le sirve un hombre consumista y comprador compulsivo: tanto tienes, tanto vales, como decía Cervantes. Se impone, tácitamente, la ley de la jungla, el darwinismo social.

El deporte se cultiva dentro de la sociedad como una mercancía; hay que sacarle la máxima ganancia. Como botón de muestra: el Mundial de futbol 2026, a celebrarse en Estados Unidos, Canadá y México, espera generar ganancias por un monto aproximado de 14 mil millones de dólares, según estimaciones de la Federación Internacional de Futbol Asociación. 

Don capital poniendo en primer lugar sus intereses económicos. México es un país con grandes rezagos en materia de protección social; según datos del Inegi: 44.5 millones de mexicanos carecen de acceso a los servicios de salud, hay 38.5 millones de personas en situación de pobreza y siete millones en pobreza extrema. 

En estas circunstancias sería extraño que dicha desigualdad no se reprodujera en el ámbito deportivo. Hoy por hoy, el deporte está reservado en alta proporción a las clases sociales de alto ingreso, ya que estas son las únicas que cuentan con tiempo y dinero para ejercerlo a cabalidad.

Si a esto sumamos el recorte de 133 millones de pesos a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte para el ejercicio 2026, las cosas no pintan nada bien para el deporte en México.

Las jornadas extenuantes que cumple la clase trabajadora dictan, día con día, quién puede o no ser deportista. Según datos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico del Inegi, en su informe de enero de 2026, las largas jornadas laborales y el cansancio por el empleo son los motivos principales por los que la población deja de practicar algún deporte.

Tan solo el 44.5 % de los mexicanos logra mantenerse activo, pero esta cifra cae drásticamente en los sectores con salarios bajos y turnos dobles, donde el tiempo de traslado consume las pocas horas de ocio disponibles. La falta de presupuesto público y un apoyo decidido por parte de las autoridades correspondientes perpetúan un ciclo de sedentarismo.

Sin espacios públicos gratuitos y con un mantenimiento adecuado, el deporte se vuelve un bien de consumo privado, accesible solo para quienes pueden pagar gimnasios o clubes con horarios flexibles, dejando a la clase trabajadora con opciones limitadas.

El deporte ha perdido esa visión amplia y progresista que nos legaron los soviéticos: la de entenderlo como una herramienta fundamental para formar ciudadanos fuertes, patriotas y comprometidos, garantizando, al mismo tiempo, su acceso como un derecho universal. 

En este escenario de mercantilización y abandono institucional, surgió en 1985 un faro de luz y esperanza: las Espartaqueadas Deportivas. Recientemente, platicando con un deportista llamado Ramsés, quien ha participado en las Espartaqueadas desde los trece años, me decía con una mezcla de admiración: No comprendo por qué el maestro Aquiles Córdova Morán no es el presidente de la república.

Y es que, al observar el modelo de vida en la llamada Atenas de la Mixteca, la pregunta surge sola. ¿Por qué se bloquea o ignora la labor del Movimiento Antorchista en lugar de permitir que su modelo de desarrollo se vuelva viral?

Tecomatlán no es una casualidad; es el ejemplo vivo de que cuando el pueblo se organiza y lucha, es capaz de lograr grandes hazañas.

Este municipio no sólo brilla a nivel local, sino ante el mundo. Fue reconocido internacionalmente con el premio City to City Barcelona FAD Award 2013, destacando entre 175 ciudades del mundo como un modelo de desarrollo social integral. 

Mientras el capitalismo nos ofrece ciudades fragmentadas y excluyentes, Tecomatlán se posiciona junto a metrópolis como Viena, Nueva York o Copenhague, demostrando que la organización popular puede elevar la calidad de vida, la seguridad y la infraestructura en las regiones más marginadas de México y el mundo.

En las Espartaqueadas, la experiencia es radicalmente distinta al deporte mercantil de la Federación Internacional de Futbol Asociación o la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte. Aquí se respira un auténtico ambiente de fraternidad y trabajo en equipo. Al regresar cada año, los visitantes encuentran progreso: desde una majestuosa Casa de la Cultura hasta una feria que en este 2026 recibió a más de 130 mil personas, todas unidas bajo un mismo ideal.

La trascendencia de estas jornadas deportivas radica en que no buscan la ganancia, sino la transformación del hombre.

Tecomatlán nos enseña que el deporte, cuando se arrebata de las garras del mercado y se pone en manos del pueblo organizado, deja de ser un privilegio para convertirse en el bloque de hierro que nos permitirá, finalmente, dejar de ser individuos aislados para convertirnos en una fuerza social invencible.

La diferencia es irrebatible: mientras el resto del país padece el abandono de la infraestructura pública y el recorte a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, el modelo de Tecomatlán demuestra que la riqueza, cuando se administra correctamente con una visión social y no de lucro, florece en bienestar para la clase trabajadora.

No es sólo un evento deportivo; es la prueba de que el hombre nuevo que el capitalismo intenta asfixiar —ese que es solidario, culto y fuerte— se está formando desde hace más de 50 años en la Mixteca Poblana bajo la guía del Movimiento Antorchista Nacional.

Si un pequeño municipio ha logrado posicionarse entre los mejores del mundo, ¿qué no podría lograrse si este modelo se replicara a nivel nacional? 

Es urgente romper el cerco informativo que pesa sobre esta labor; ese muro de silencio que no permite la difusión de tan grandiosa labor. No podemos permitir que la indiferencia siga siendo la norma mientras ejemplos de éxito como la Villa Estudiantil de Tecomatlán o su Instituto Tecnológico, reconocido en 2020 entre los mejores de Latinoamérica, demuestren que un mundo distinto es posible. 

El deporte debe dejar de ser una mercancía de lujo para las élites y volver a ser el derecho universal que construye naciones.

Las Espartaqueadas no son sólo una competencia; son el grito de resistencia de una clase trabajadora que se niega a ser exprimida como limón y que ha decidido reconocerse en sus semejantes para formar ese bloque de hierro capaz de transformar a México.

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