• Familias enfrentan alzas de hasta 23 % en alimentos y falta de trabajo estable
La inflación y la falta de empleo son dos variables que, al combinarse, dan por resultado una constante: más pobreza, a lo cual no sólo el gobierno, sino algunos académicos, economistas, empresarios, políticos e intelectuales omiten referirse y prefieren pasar de largo antes de detenerse a analizar y proponer una salida para este gran problema que sufre el grueso de la población en nuestro país.
En México, más del 35 % de la población vive en el empleo informal, esto es 48.5 millones de personas.
Por lo anterior, quiero relatar brevemente la historia de Juanita, una humilde señora de la tercera edad que, después de sus compras de la semana, pasó a saludar a una amiga: “Vengo llegando del mercado y traigo un dolor de cabeza insoportable, casi me desmayo”.
Inmediatamente, la amiga, que resultó ser su comadre Carmita, le ofreció una silla y una pastilla de Paracetamol para mitigar un poco su dolor; sin embargo, Juanita, un tanto contrariada, rechazó la medicina con una frase de protesta: “No estoy enferma, lo que pasa es que ya estoy harta de este gobierno de cuarta que ofreció ayudar primero a los pobres, pero muchos de nosotros estamos cada vez más jodidos.
Te contaré mis penas, Carmita: fui a querer comprar unas verduritas para hacer tamalitos, llevaba 150 pesos, pero me encontré con que el tomate costaba 60 pesos el kilo, la cebolla, el chile, la papa… ya ni te cuento; ¡tan sólo en pagar el pochimóvil se me iban 20 pesos! Tengo ganas hasta de morirme, para ya no seguir batallando todos los días en pensar qué voy a hacer para comer. ¿Mi pensión? Nunca la conocí, porque mi viejo al morir no ahorró nada en las mentadas afores. ¿La pensión del gobierno? Simplemente no tengo la edad para solicitarla y quién sabe si cuando tenga esa edad todavía continúe el programa”.

La vista se le nubló mientras agregaba: “¿De qué puedo trabajar? Aseando casas, lavando y planchando ropa, vendiendo tamales y muéganos para sobrevivir. Como lo que puedo y cuando tengo. De mi dolor de riñón ya ni te platico”.
Las palabras sobran ante semejante desgracia; no hay abrazos ni consuelo que sirvan para aliviar estas penas.
Lo anterior es un capítulo más de tantos que vive la inmensa población, que enfrenta cada día no sólo el no tener un empleo digno y bien pagado, sino una inflación que lleva por las nubes a todos los productos de la canasta básica.
Por otro lado, quiero relatar el caso de Carlos Mario, sobre todo porque he comprobado que con ejemplos de la vida real la gente entiende mejor lo que está pasando en México y se hace claridad para buscar una solución.
En Carlos Mario tenemos al típico tabasqueño que pregona: “Yo soy mi propio jefe, hago lo que quiero, trabajo cuando puedo y me la paso a todo dar”.

Pero cierto día que me lo encontré, me dijo entristecido: “¡Ahora sí, ya no sé qué hacer! En mi panadería las cosas no van tan bien, la harina sube y sube de precio, la mantequilla está por los cielos, la manteca, los colorantes, pero ni qué decir del gas; ese sí ya se volvió un gran problema; cada mes sube y sube y sube, y nosotros intentando sostener el mismo precio del pan; no podemos competir con otras empresas. Con dos hijos, mi señora y yo, ¿a dónde vamos a parar?
Por otra parte, por mi edad ya no me dan trabajo en ninguna empresa, lo único que me queda es ir con mi suegro a pescar en los pantanos o a agarrar un cocodrilo para vender la carne y el cuero. Ni modo; esa es la vida de un emprendedor como yo”.
Lo que Carlos Mario y Juanita desconocen es el origen de la inflación y qué podemos hacer para remediar esta situación que agobia a millones de mexicanos. Recordemos que la inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios en una economía durante un periodo prolongado, lo que provoca que el dinero pierda el valor real.
En resumen, con la misma cantidad de dinero se pueden comprar menos cosas, disminuyendo el poder adquisitivo de las personas y familias.
Así lo conceptualiza Edem Escuela de Empresarios; sin embargo, el gobierno ha pregonado el aumento al salario para los que sí tienen un empleo fijo o de base, pero incluso hasta para los que sí tienen empleo les es complicado adquirir la canasta básica.
Ya lo vimos en el caso de Juanita. Las verduras y en especial el tomate están por las nubes, pero de igual forma el pan, la leche, el aceite, el arroz y la tortilla.

Datos oficiales del Banco de México publican que las verduras y frutas subieron un 23 % por cuarta quincena consecutiva. En fin, lo que pareciera ser un logro de ganar más dinero se desvanece ante semejantes precios de los principales productos alimenticios.
Ahora imagínate, apreciado lector, lo que pasa en un hogar cuyo jefe de familia no tiene un empleo fijo y vive alquilando su fuerza de trabajo en lo que puede.
Entendamos que si la gasolina sube, evidentemente todos los productos aumentan sus precios debido al transporte que utilizan para llevar sus alimentos al mercado.
Debemos entender que la inflación es un látigo más del sistema capitalista, donde no hay control de la producción y mucho menos de la distribución, donde los grandes capitales se comen a los pequeños empresarios y donde la ganancia es la meta inmediata en ese sistema.
Aquí no importan los pobres, lo que importa es exprimir la fuerza de trabajo hasta dejar exhausto al obrero, que día a día y gota a gota se va muriendo sin lograr resolver sus problemas económicos.
Por todo lo que hasta aquí se ha dicho, queda claro que lo que necesitamos con urgencia es un gobierno que eche a andar un plan económico donde la generación de empleo sea la meta número uno; donde se pongan primero los intereses de la clase obrera, que lo único que exige es trabajo.
En México, más del 35 % de la población vive en el empleo informal, esto es 48.5 millones de personas, de acuerdo con el Inegi. Ahora imagínese, estimado lector, esas variables de inflación más desempleo. ¿Qué nos espera? Definitivamente el resultado será más pobreza.
En el Movimiento Antorchista les invitamos a unirse y concientizarse de que este problema sólo lo podemos resolver con la unidad del pueblo, con un proyecto claro de país donde los pobres sean la prioridad para el gobierno.
¡Organízate y únete a la lucha social!
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