• Su legado entre comerciantes de la capital mexiquense destaca por la formación de cuadros políticos y la defensa del trabajo honrado
Igual que muchos de los infantes en la actualidad, desde pequeña tuvo que sumarse a las actividades para proveer el sustento del hogar. Nacida el 8 de agosto de 1970 en el seno de una familia dedicada al comercio ambulante, en el barrio Santa Bárbara de la colonia Unión, en la ciudad de Toluca, su actividad comercial generó en ella cualidades necesarias para conquistar la voluntad de los posibles compradores, así como la audacia para enfrentar a otros competidores y la persecución y represión de las autoridades municipales.
Es necesario recordar que en el Bando Municipal 2023, en su artículo 93, establece la prohibición del comercio ambulante, semifijo y móvil en el polígono que delimita el Centro Histórico, por lo que ha sido una lucha constante huir de la persecución de los inspectores municipales y luchar por la devolución de sus pobres mercancías cuando se realizan decomisos.

Este ambiente hostil formó el carácter recio y decidido de Angélica Gasca, al mismo tiempo que desarrolló su espíritu fraterno hacia sus compañeros a los cuales apoyaba en todo lo que podía, ya se tratara de enfermedad, problema familiar, necesidad económica o lucha social; siempre podían contar con su respaldo.
Como muchos mexicanos, conoció al Movimiento Antorchista cuando solicitó el apoyo para obtener servicios para la colonia donde rentaba una modesta vivienda que habitaba con sus hijos.
Al igual que muchos habitantes de la capital mexiquense, sus escasos recursos no alcanzaban para tener una casa propia, pero no fue esta carencia la que la llevó a unirse más decididamente a la lucha organizada, sino el recrudecimiento de la política municipal contra el ambulantaje, por lo que convenció a la mayoría de sus compañeros de unirse a Antorcha, a la que siempre le reconoció que le había respaldado y le había enseñado mucho.

En una ciudad con 910 mil 600 habitantes, el comercio ambulante ocupa el 40% de la fuerza laboral; por eso, el que los ambulantes se organizaran era un riesgo que la administración municipal no podía correr. Mediante la compra de voluntades o la franca represión fraccionó al sector, con el surgimiento de agrupaciones y liderazgos vinculados de una manera u otra con la autoridad municipal y que incluso, fueron utilizados para agredir a los comerciantes antorchistas. Y quien se mantuvo al frente defendiendo el derecho a ganar el sustento honradamente para todos ellos fue Angélica Gasca Dávila.
Esa férrea convicción le mereció el respeto de sus compañeros comerciantes y de los habitantes de varias colonias cuando se decidió a unir y organizar a los más necesitados de Toluca. Su combatividad dio excelentes frutos sociales a núcleos de población como San Juan Tilapa, San Gaspar y La Moderna, entre otros.
Hasta los propios funcionarios y líderes de diversas agrupaciones de ambulantes reconocieron su alta calidad de dirigente social, la que, al mismo tiempo, sirvió de ejemplo a toda su familia; como resultado de ello, 30 integrantes de la misma, entre hijos, nietos y sobrinos, están participando en las filas del Movimiento Antorchista.

Y todo ello, además, padeciendo los estragos que provoca esa terrible enfermedad que ha hecho presa de sus garras a miles de mexicanos: la diabetes. Varias ocasiones fue hospitalizada por esa razón y, aunque cumplía las indicaciones médicas, fue la causa de su muerte el 5 de febrero de 2024.
No dejó a sus familiares una cuantiosa herencia ni grandes posesiones. Fue tal su desinterés que sólo al final de su vida pudo contar con una casa propia gracias a la lucha de los solicitantes de lotes organizados en Antorcha.
Por su origen humilde no pudo contar con una profesión ni con muchos estudios, pero ello no fue obstáculo para que aprovechara lo más importante que brinda el Movimiento Antorchista a sus integrantes: el estudio político.
Sabía que la ignorancia genera víctimas de la injusticia, por lo que se esforzaba por cumplir con su preparación para ser mejor dirigente y tener conocimientos que transmitir a otros pobres. Sabía perfectamente que en nuestro país se pueden cambiar las cosas para bien de la mayoría de los mexicanos a condición de formar una organización que nos represente y dirija. Su hija Sandra recuerda que a todos los que conocía siempre les aconsejaba: “Únanse y organícense”.
Por esa convicción llegó a ser integrante de la dirigencia antorchista, estar entre el grupo de hombres y mujeres que encabezan a los antorchistas del valle de Toluca, y, en más de una ocasión, dio a todos innumerables ejemplos de entrega y ayuda fraternal. Hoy de nueva cuenta nos sigue señalando el camino: el verdadero antorchista lo es hasta la muerte.
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