MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Bloqueos carreteros exhiben abandono de pobres y trabajadores

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• Las protestas evidencian los rezagos estructurales y la exclusión de las mayorías 

Creo que no hay discusión: hay muchas cosas en el país que urge componer. Entre ellas, desde mi punto de vista, se encuentra la ausencia de seguridad pública, que constantemente se convierte en noticia nacional, aunque la mayoría de los casos ni se conocen o se quedan en cifras estadísticas. 

El problema sistémico está en producir para un mercado cuya ley es la máxima ganancia para unos pocos, mientras la mayoría se empobrece; no hay modo de que exista una sociedad justa y equitativa dentro de este esquema.

Otra es, sin duda, la falta de apoyo al campo, que de por sí es anémico y poco rentable, presionado por la oferta y los precios bajos de los competidores internacionales. A esto se suma el nulo crecimiento de la economía y el deterioro constante y profundo de la escasa infraestructura carretera y de traslado de mercancías en general.

Quienes defienden al gobierno y la autollamada 4T sostienen, no se sabe con cuánta razón, que quienes están detrás de las movilizaciones y la campaña mediática adjunta son oposicionistas de la extrema derecha, que de la noche a la mañana se han vuelto defensores de los derechos de los mexicanos a movilizarse y a expresar sus inconformidades, y que lo hacen con fines electorales, brindando apoyo no sólo logístico sino hasta económico, así como de representación, en tanto que salen a dar la cara para increpar a los gobernantes y exigir soluciones. 

Sostienen, además, que se trata de demagogia vil en aras de llevar agua a su molino en tiempos electorales, tratando de desprestigiar al gobierno sin tomar en cuenta la serie de acciones que éste ha tomado desde que llegó al poder. O sea, que antes estábamos peor.

Sin embargo, aunque fuera cierto todo lo dicho, tal cosa a nadie saca de algún apuro, porque lo que el pueblo de México necesita son soluciones completas, profundas y definitivas. Además, con excusas o con ataques ad hominem no se desbaratan los argumentos. 

Por ejemplo, aunque los problemas se arrastren de sexenios anteriores, estamos en este y a este le toca resolver, porque se entiende que ya conocía el tamaño y la naturaleza de los problemas cuando pretendía gobernar, y que sopesó que tenía lo necesario no sólo para hacerles frente sino para abatirlos. En tal talante solicitó el voto de los ciudadanos, esos que en carne propia aún padecen, y mucho, males de los que se siguen quejando. 

Por ejemplo, los productores de frijol del altiplano adujeron en su protesta que el precio en el mercado de su producto ronda los ocho pesos y que los centros de acopio del gobierno federal se encuentran cerrados, por lo que, en justicia, exigían que se reabrieran, así como que se les respete el precio de garantía de 27 pesos, para poder recuperar los gastos de inversión, seguir produciendo y sostenerse junto con sus familias.

A pesar de que los manifestantes tienen razón, desde mi punto de vista no por eso dejan de ser superficiales e insuficientes las medidas propuestas. Por ello, si realmente se busca resolver los problemas fundamentales de los auténticos productores del país, es necesario tener en cuenta que éstos tienen su origen en la pobreza y que ésta tiene como causa principal la injusta distribución de la riqueza social. 

Es decir, el problema sistémico está en producir para un mercado cuya ley es la máxima ganancia para unos pocos, mientras la mayoría se empobrece; no hay modo de que exista una sociedad justa y equitativa dentro de este esquema. Sin embargo, sí existe la posibilidad de cerrar un buen trecho de la brecha mediante la intervención del Estado.

Por eso, vistas con objetividad las cosas, estrechar esta brecha de desigualdad entre los miembros de una misma sociedad que produce suficiente para vivir todos de manera modestamente acomodada, como lo hace la sociedad china, es posible con una intervención del Estado realmente en favor de las mayorías. De tal manera, el fin del neoliberalismo deje de ser una simple frase y pase a ser una realidad económica. 

El Movimiento Antorchista ha planteado desde hace tiempo cuatro puntos fundamentales para acabar con la pobreza extrema, sin los cuales es imposible siquiera pensar en una mejora sustancial, aunque se entreguen apoyos monetarios que incentivan el consumo y no la producción, mientras se deteriora la inversión pública en infraestructura y desaparecen paulatinamente sistemas de salud, educación y vivienda, junto con el desempleo que se disfraza como “empleo informal”.

Vuelve a ponerse en el centro del debate, para quienes genuinamente se interesan por la suerte de las masas empobrecidas, cómo hacer realidad su exigencia de salir de la pobreza. 

La respuesta es poner en práctica cuatro puntos: empleo para todos los mexicanos en edad y condiciones de tenerlo; salarios remuneradores que permitan satisfacer las necesidades básicas; una política fiscal progresiva en la que paguen más quienes más tienen; y un gasto público enfocado en resolver las demandas reales de la población. Y eso, hasta donde se aprecia, no se ve ni en las demandas de las movilizaciones ni en las respuestas del gobierno. 

Por eso, sigue en pie la pregunta: ¿cuándo se atenderán los intereses de las grandes mayorías empobrecidas y explotadas? Para que eso ocurra, el pueblo debe gobernar.

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