MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Desfilan aspirantes, pero Guerrero sigue entre los más pobres

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• Dieciséis candidatos buscan gobernar el estado mientras 58.1 % de su población vive hundida en la miseria

La semana pasada, Morena terminó de recibir los registros de quienes quieren gobernar Guerrero. Llegaron dieciséis en total. Unos con escolta, otros con porras, algunos en traje y con discurso preparado. Cada uno buscando su lugar en la foto. 

La pobreza en Guerrero no es un accidente ni una mala racha. Es el resultado directo de un sistema económico que concentra la riqueza en muy pocas manos.

Leyendo sus declaraciones, no pude evitar preguntarme algo muy sencillo: ¿alguno de ellos tiene claro qué es lo que tiene que cambiar en este estado, y cómo va a cambiarlo?

Guerrero no es un estado con problemas menores. Es uno de los territorios más golpeados de todo el país. 

Según los datos más recientes del Inegi, el 58.1 % de la población guerrerense vive en situación de pobreza multidimensional, siendo el segundo estado con mayor pobreza en México, sólo después de Chiapas con 66 %. 

Más grave aún: el 21.3 % de los guerrerenses se encuentra en pobreza extrema, también el segundo porcentaje más alto del país. 

Y si hablamos del trabajo, en el segundo trimestre de 2025, el 55.3 % de la población del estado vivió en situación de pobreza laboral, el tercer lugar más alto a nivel nacional.

Esos no son números. Son familias. Son niños que van a la escuela con hambre. Son jornaleros que trabajan doce horas y no alcanzan a pagar la semana. Son mujeres que cargan con la pobreza de sus hijos porque el sistema económico en que vivimos fue diseñado, precisamente, para que unos pocos lo tengan todo y millones no tengan nada.

Y como si la pobreza fuera poco, Guerrero vive bajo el peso de una violencia que paraliza comunidades enteras. 

Acapulco registró en 2024 una tasa de homicidios de 102.28 por cada 100 mil habitantes, colocándose entre las ciudades más peligrosas del mundo. 

El Departamento de Estado de Estados Unidos clasificó a Guerrero con su nivel más alto de riesgo, "Nivel cuatro: No viajar", advirtiendo que grupos armados operan en muchas áreas del estado, con bloqueos frecuentes de carreteras y riesgo incluso en zonas turísticas como Acapulco, Ixtapa, Zihuatanejo o Taxco.

Ante ese panorama, ¿qué dijeron los dieciséis aspirantes al registrarse? Uno dijo que es "el único que sabe gobernar Guerrero". Otra que viene "a sumar". Uno más habló de "unidad". Una se dijo "alumna" de la presidenta. 

Todos prometen, todos sonríen, todos agitan banderas. Ninguno explicó todavía con qué receta concreta va a revertir décadas de atraso.

Y esto es lo que más me preocupa, porque no se puede seguir gobernando este estado con buenas intenciones y programas sociales que apenas amortiguan el golpe. 

La pobreza en Guerrero no es un accidente ni una mala racha. Es el resultado directo de un sistema económico que concentra la riqueza en muy pocas manos, que mantiene los salarios en el piso, que deja a los campesinos sin mercados, que abandona a los pueblos indígenas en la sierra y en la costa. 

Mientras ese sistema no se toque, mientras no se hable de distribución real de la riqueza, de industria propia, de trabajo bien pagado, de tierra productiva para quien la trabaja, cualquier promesa de campaña es papel mojado.

La ciudadanía de Guerrero no necesita otro político con ambición. Necesita a alguien que tenga el valor de decirle con claridad cómo va a atacar las causas, no sólo los efectos. 

Que explique de dónde van a salir los empleos dignos. Que diga qué va a hacer para que un joven de la Montaña no tenga que migrar o enrolarse en el crimen organizado porque no hay otra opción. Que proponga mecanismos reales para cambiar la estructura de explotación que tiene postrado a este estado.

El pueblo de Guerrero lleva décadas eligiendo gobernantes que prometen cambio y entregan continuidad. No podemos seguir cayendo en lo mismo. Esta vez, antes de dar el voto, hay que exigirle a cada aspirante que hable con precisión, con datos, con propuestas concretas. Porque el problema de fondo no es quién gana la encuesta de Morena. El problema es si quien llegue al gobierno entenderá que Guerrero necesita transformaciones de fondo, no retoques de superficie.

La historia del estado la escribimos los de abajo. Y si no exigimos, nadie va a darnos nada.

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