“Rescatan a ocho menores de edad abandonados en una casa de cartón en Chiapas” fue el título que le dieron a una nota medios locales y nacionales como N+, Azteca Noticias o El País.
Los encontraron al interior de una casa improvisada en San Cristóbal de Las Casas, en condiciones de precariedad y sin servicios básicos. Para bien de esos pequeños, las autoridades del municipio los auxiliaron y les brindaron protección.
Hasta 2025, 821 mil niñas y niños menores de seis años vivían en pobreza; casi ocho de cada diez, sin acceso a la seguridad social, con carencia de servicios de salud o de educación.
Pero ¿qué pasa en Chiapas? ¿Acaso este será un caso exclusivo? Claro que no. Esta situación es el pan de cada día de miles de familias chiapanecas, desde la Zona Altos hasta el norte, de frontera a frontera.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de 2025 colocaron a la entidad con el 66.0 % de su población viviendo en pobreza multidimensional, siendo el estado con el mayor porcentaje. De 27.6 % de los habitantes no se sabe si viven o mueren, si comen o no, porque viven en pobreza extrema, sobre todo en las comunidades indígenas y rurales, como la Zona Altos, de donde tienen la exclusividad de esta noticia.
Hasta hoy no hay grandes cambios. Chiapas sigue siendo especialmente alarmante; colgándose las medallas de lograr el primer lugar en niveles más altos de pobreza y pobreza extrema; y en la infancia un número considerable de niños siguen siendo las más débiles presas de un sistema económico y político injusto, que los mantiene en total vulnerabilidad.

El mismo Coneval señalaba que hasta 2025 eran 821 mil niñas y niños menores de seis años viviendo en pobreza; casi ocho de cada diez niños sin acceso a la seguridad social, con carencia de servicios de salud o de educación.
Lo que se vive aquí es el retrato de una crisis silenciosa que afecta a millones de niñas y niños. Que no se va a terminar si se insiste en dar paliativos como unas cobijas, una despensa, ropa o juguetes, que sólo durarán unos cuantos días, y a la mañana siguiente seguirán despertando en su realidad.
La semana pasada a ocho niños se les resolvió el problema de abandono, pero ¿qué va a pasar con los otros 800 mil niños de la lista?
Hace unos días, en un concurso de oratoria, una pequeña participante relataba que actualmente padres y madres salen todos los días de sus hogares con la esperanza de encontrar un trabajo y, cuando lo logran, son largas horas dedicadas a asegurar un plato de comida en la casa.

“Nuestros padres tienen que trabajar para asegurar lo mínimo para nosotros. Desgraciadamente, la crisis laboral los obliga a buscar más y mejores oportunidades de ingreso que termina por consumirlos toda su vida, porque la situación económica los orilla a vivir como esclavos”, dijo al defender el tema de la crisis laboral.
El pueblo tiene la razón, porque vive la realidad lacerante en cada uno de sus hogares. Y para que esta situación cambie entre niños y niñas, Antorcha ha planteado un modelo económico para este país que consiste en cuatro ejes: primero, empleo para todos, que las personas que estén en edad de trabajar puedan emplear sus fuerzas físicas e intelectuales en una actividad productiva en sus estados y en el país; desgraciadamente la falta de empleo orilla a los padres a salir de su lugar de origen para ir a las capitales de otros estados a trabajar en la informalidad, a ir al norte a trabajar como jornaleros o salir del país en busca del sueño americano, porque su lugar natal no le da esas oportunidades.
En segundo punto, que se mejoren los salarios, que a quien trabaja se le pague lo justo para poder llevar una vida digna, que su salario le alcance para cubrir salud, educación, alimentación y vestido; nosotros no pedimos dádivas para la gente que no trabaja, proponemos que el que trabaje gane lo que produce.

Con estos dos primeros podríamos comenzar a cambiar una parte del problema. Las otras dos propuestas quedan en manos del gobierno: me refiero a la recaudación económica, porque decimos en nuestro tercer punto que la recaudación debe ser progresiva y justa, que al pueblo no se le recarguen los impuestos como pasa actualmente; y por último, que lo recaudado se destine a la educación, vivienda, salud y obras sociales en beneficio de todos.
Si no hay un cambio y si no se buscan medidas efectivas que curen este mal, seguirá siendo una crisis que, de no atenderse con urgencia y compromiso, condenará a las próximas generaciones a repetir la historia de desigualdad, marginación y falta de oportunidades.
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