MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tren Maya prometió desarrollo, pero multiplica pérdidas

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• El proyecto reportó pérdidas por 2 mil 283 millones de pesos durante el primer trimestre de 2026

Mientras millones de mexicanos enfrentan el aumento de los precios en productos esenciales, salarios insuficientes y servicios públicos cada vez más deteriorados, el gobierno federal continúa destinando recursos multimillonarios a una obra que, lejos de convertirse en motor de desarrollo, se transformó en un barril sin fondo: el Tren Maya.

El Tren Maya se ha convertido en símbolo de un modelo económico que privilegia a unos cuantos sobre las verdaderas necesidades populares.

Los más recientes reportes financieros revelan que esta megaobra, impulsada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y ahora sostenida por la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, registró pérdidas por 2 mil 283 millones de pesos entre enero y marzo de 2026. La cifra representa un incremento de 43.9 % con respecto al mismo periodo del año pasado.

Es decir, el proyecto perdió en apenas tres meses el equivalente al presupuesto anual de varias dependencias públicas dedicadas a atender problemas urgentes de la población mexicana. Mientras hospitales carecen de medicamentos, escuelas rurales se caen a pedazos y comunidades enteras sobreviven sin agua potable, el gobierno continúa destinando recursos públicos a una obra que no logra sostenerse ni con la venta de boletos.

Los datos son contundentes: el Tren Maya obtuvo ingresos por apenas 119 millones de pesos, cantidad insignificante frente a los más de 2 mil 400 millones gastados en operación, mantenimiento, servicios y depreciación de activos.

Esta situación sólo exhibe el fracaso del discurso oficial que prometió convertir al sureste del país en una potencia económica mediante proyectos faraónicos. La realidad demuestra que las obras impulsadas desde el poder no responden a las necesidades del pueblo trabajador, sino a intereses políticos y propagandísticos.

A pesar de ello, el gobierno federal prevé destinar más de 30 mil millones de pesos en subsidios y apoyos para que siga en funciones el Tren Maya. La pregunta inevitable es: ¿hasta cuándo seguirá el pueblo financiando una obra que no puede autosubsidiarse?

Como lo dijeron en su momento varios especialistas, el Tren Maya careció de estudios serios de viabilidad económica y técnica, así como de evaluaciones sobre el enorme costo que representaría para las finanzas nacionales. 

Asimismo, se cuestionó el impacto ambiental, la baja afluencia de pasajeros y la falta de rentabilidad del proyecto, mientras el gobierno hacía oídos sordos. Hoy vemos las consecuencias de esto.

No se trata únicamente de números rojos; se trata de prioridades. Porque mientras el gobierno presume megaproyectos, miles de familias continúan viviendo en condiciones de pobreza, sin oportunidades laborales estables y con servicios básicos deficientes.

El pueblo mexicano necesita inversión en salud, educación, vivienda y empleo digno, no obras faraónicas que consumen recursos públicos sin resolver los problemas fundamentales de la nación, disfrazadas de “desarrollo”. El Tren Maya se ha convertido en símbolo de un modelo económico que privilegia a unos cuantos sobre las verdaderas necesidades populares.

Y aunque desde Palacio Nacional insistan en presentar la obra como un éxito histórico, las cifras cuentan otra historia: la de un proyecto sostenido artificialmente con dinero público, incapaz de generar los beneficios prometidos y que hoy representa una pesada carga para el país, pero sobre todo para el pueblo.

Los daños se advirtieron, tanto ambientales como económicos, y hoy todos estamos pagando las consecuencias del capricho de una persona. El pueblo ya no debe permitir que hagan con nuestro México y los recursos públicos lo que se les antoje, sobreponiendo el bienestar de la mayoría al capricho de una sola persona.

Tenemos que denunciar esta situación, pero no basta con eso, sino que el pueblo tome las riendas del país y para ello se tiene que organizar y educar políticamente, saber lo que sucede y accionar ante ello. De no hacerlo, siempre el ecosistema y nuestro bienestar estarán amenazados.

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