• Centenas de familias enfrentan daños por lluvias en terrenos irregulares de Mérida
Gota a gota, la lluvia se hizo presente desde el pasado 29 de mayo en Yucatán y, con mayor intensidad, fue ocupando desde las dos de la tarde el lugar que normalmente pertenece a las familias.
Desde el norte, centro y sur de Mérida, cientos de familias resultaron afectadas por las lluvias torrenciales que hasta el momento no han parado. El sur fue la zona con más daños, como la colonia Emiliano Zapata Sur III, donde poco más de 240 familias habitan en terrenos irregulares; en casas construidas con sus propias manos y con materiales como láminas, lonas y madera.
“Si tuviéramos una vivienda digna, esto no nos hubiera pasado, y tampoco estaríamos soportando el frío, el calor y todas las inclemencias del tiempo”.
Dentro de una vivienda construida con madera y láminas, una cama permanecía empapada. A pocos metros, la ropa flotaba sobre el agua turbia que cubría el piso de tierra. Los habitantes tuvieron que caminar con el agua por encima de los tobillos, tratando de rescatar lo poco que las lluvias les permitieron conservar.
La escena se repitió en decenas de hogares de este asentamiento irregular. Las fuertes precipitaciones que se registraron ese día y continuaron todo el fin de semana dejaron al descubierto la vulnerabilidad en la que viven decenas de personas que, desde hace seis años, levantaron sus viviendas con sus propias manos y con los materiales que pudieron conseguir.
La angustia se vio en cada uno de los rostros afectados, como la del señor Bogar Mena, quien al momento del siniestro se encontraba trabajando, por lo que quien le dio aviso fue su esposa:
“Mi esposa me avisó que había entrado el agua; cuando llegué, ya estaba inundado todo; se mojaron varias cosas adentro; mis hijos ahorita están sobre la cama para que no se mojen”.

En algunos predios, los techos de lámina mostraron señales del desgaste acumulado por el tiempo y la humedad. En otros, los muebles, electrodomésticos y pertenencias de las familias quedaron expuestos al agua que ingresó sin encontrar obstáculos.
Lo que para muchos puede parecer sólo una lluvia intensa, para estas familias significó perder parte importante de su patrimonio.
Con angustia y tratando de disimular su tristeza con una pequeña risa, la señora Yamili Marisol Balam, madre de tres hijos, vivió, a decir de ella, algo que nunca había experimentado: minutos de angustia entre alzar sus cosas para que no se mojaran y resguardar a sus hijos menores de edad y a su bebé de cinco meses.
“Lo que resultó afectado fueron muebles, ropa, cosas del bebé, mi refrigerador, lavadora; todo lo material lo perdimos. Cuando empezó a entrar el agua me sentí angustiada y triste porque es feo ver así inundada nuestra casa; nunca lo habíamos vivido y más por los niños. Ahorita no tenemos dónde dormir”, refirió.

Pero el agua no era la única preocupación. Entre los charcos y las viviendas improvisadas, los cables eléctricos representaron una amenaza constante.
Bastó observar cómo el agua pasó por las instalaciones eléctricas improvisadas para comprender el temor de los habitantes ante la posibilidad de un cortocircuito o una descarga eléctrica.
“Tenemos cinco años que estamos pasando por estas calamidades, y cada año es lo mismo; se pone feo, principalmente por todas estas aguas que nos entran, y como tenemos luz eléctrica, existe el miedo de que vaya a pasar algo, como un cortocircuito por el contacto con el agua, o que se incendie la casa o se quemen nuestras cosas eléctricas; ese es el temor que se tiene”, señaló el señor Gilbert Solís, vecino de la zona y afectado.
Mientras algunos vecinos sacaban agua con cubetas o con lo que podían, y otros intentaban poner a salvo sus pertenencias, la conversación inevitablemente llegaba al mismo tema: la falta de regularización de los terrenos donde habitan.

Desde hace aproximadamente seis años, decenas de familias viven en esta zona esperando una respuesta de las autoridades que les permita obtener certeza jurídica sobre los predios.
Durante este tiempo han solicitado la intervención del Instituto de Vivienda del Estado de Yucatán (IVEY) para avanzar en la regularización y acceder a condiciones más seguras de vivienda.
“Llevamos seis años aquí y el IVEY nada que da sus vueltas por aquí para visitarnos o decirnos si nos va a asignar o no para igual ver qué vamos a hacer; mientras, nosotros seguimos luchando, pero igual, si las lluvias persisten, es lo que nos esperará siempre”, señaló Yamili Balam.

La necesidad de una solución se vuelve más evidente cada temporada de lluvias. Las inundaciones no sólo afectan objetos materiales; también exponen las limitaciones de viviendas construidas con recursos mínimos y la incertidumbre que enfrentan quienes no cuentan con un patrimonio legalmente reconocido.
Así lo dejó ver el señor Bogar Mena, quien dijo que “si tuviéramos una vivienda digna, esto no nos hubiera pasado, y tampoco estaríamos soportando el frío, el calor y todas las inclemencias del tiempo, pero aquí andamos porque no tenemos adónde ir. Sí lo necesitamos porque no tenemos vivienda”.
Las lluvias continúan y dieron tregua la mitad del día de este dos de junio, cuando incluso el gobierno de Yucatán suspendió labores no esenciales a nivel estatal. No obstante, si las familias no cuentan con una vivienda digna y se realizan acciones para resarcir esta situación, cada temporada de lluvia la pagarán caro quienes hoy se encuentran bajo el agua.
Porque para los habitantes de la colonia Emiliano Zapata Sur III el problema no comenzó con esta inundación ni terminará cuando se sequen los pisos. La lluvia sólo hizo visible, una vez más, una realidad que llevan años enfrentando: la de vivir entre la necesidad de un hogar seguro y la espera de una respuesta que les permita construirlo.
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