• Decenas de alumnos, sin baños ni domo; el rezago supera el 60 % en escuelas básicas del estado
Decenas de niños y niñas corren tras una pelota de futbol. Lo hacen con el sol a plomo, sobre una plancha de concreto deteriorada. “Chutan” hacia una portería imaginaria.
Pero si es día de homenaje, no les queda más que soportar el calor o la lluvia, si es el caso. Si festejan una graduación, lo hacen como pueden, con “nylon” o, si bien les va, alguna carpa rentada.
Esa es la historia de más de 70 alumnos de la Escuela Primaria “Reforma Educativa”, ubicada en el ejido Santa Anita, municipio de Simojovel de Allende, Chiapas, quienes, entre otras cuestiones, reciben clases en salones con goteras y no tienen baños “dignos”.
Más del 60 % de escuelas del nivel básico se construyeron hace más de 50 años y ni siquiera han sido reconstruidas.
Incluso, el único lavabo que tiene disponible carece de un grifo y los excusados prácticamente son inservibles. Para colmo, aceptan padres y madres de familia que no tienen cómo enfrentarse a males como el sarampión u otros virus o enfermedades, pues no tienen cómo lavarse las manos.
David Ulises López López en la actualidad es ingeniero agrónomo; sin embargo, le da nostalgia que la primaria en la que estudió hace más de dieciocho años no haya presentado un avance. Le da tristeza que siga igual.
David señala el aula donde recibió clases y no cabe en su mente que la modernidad no llegue a Santa Anita. Lo que se necesita, dice, es la construcción de una barda perimetral, la instalación de luz porque, como no sirve, no pueden subir agua a través de una bomba.
Además, aclara que el sueño de todos siempre ha sido contar con una cancha de usos múltiples que, asimismo, tenga un domo. “A la escuelita sólo se le da una pintadita; la cancha ya tiene como 30 años, entonces hacen falta muchas cosas”.

Con su índice derecho señala el asta oxidada donde se coloca la bandera de México y advierte que así se ha mantenido desde hace muchos años.
De pronto, Cecilia Sánchez Gómez, cuyos dos hijos estudian en la Primaria “Reforma Educativa”, advierte que el no contar con un domo les ha generado problemas a los infantes, pues es común que les fluya sangre de la nariz.
Para ella, el problema es que tienen que soportar las altas temperaturas y otras carencias, y más ahora que el sarampión está presente. Ante ello, llama a las autoridades educativas para que los escuchen y los atiendan:
“Me gusta mucho el deporte, que mis hijos lo practiquen, pero mire cómo están los tableros de basquetbol”.
Don Francisco Sánchez López afirma que, como no hay una infraestructura adecuada y los alumnos no tienen dónde lavarse o asearse, las enfermedades están a la orden del día. De hecho, dice, su nieto se contagió de sarampión, pero hay más niños con ese mal, más otros del ejido.

Por fortuna, apunta, el menor ya salió de peligro, pues lo llevó al hospital de la región. No obstante, el temor sigue porque los casos son recurrentes en la zona. “Mi nieto sí se puso grave, pero ya salió, le dieron el tratamiento”, insiste.
Dádivas
Tras lamentar que desde hace décadas Chiapas ocupe los primeros puestos en rezago educativo, Armando Falcony Borraz evidencia que, sin duda, eso se traduce en analfabetismo, deserción escolar, reprobación, mala infraestructura educativa, falta de mobiliario y otras carencias, “y hablo de todas las escuelas del estado”.
Sin embargo, confiesa que la política del Estado es solo darles dádivas a los centros educativos, sobre todo a los que están en la capital, pero hay escuelas que tienen más de medio siglo de vida y continúan igual o peor.
En una entrevista, calcula que más del 60 % de escuelas del nivel básico se construyeron hace más de 50 años y ni siquiera han sido reconstruidas. Lo que se requiere, menciona, es un recurso emergente millonario solo para sanear la parte del rezago educativo.

De hecho, cree que los más de mil millones de pesos que se han utilizado para mermar el analfabetismo se pudieron “inyectar” en otros temas, como la misma infraestructura. “Habrá que esperar”.
Lo que es increíble, externa, es que aún existan escuelas con piso de tierra, techo de lámina o construidas con otros materiales no adecuados para que los niños y niñas reciban una educación digna.
“Falta mucho, la verdad, como la construcción de aulas, escuelas completas, canchas múltiples con sus domos y muchas cosas más, porque la mayoría de las escuelas no tienen mobiliario, y si se ven a veces bien, es porque nosotros mismos las mandamos a arreglar, a pintarlas y así”, detalla y lamenta que las instituciones educativas estén abandonadas en ese sentido.
Tan cerca de la capital; tan lejos del desarrollo
En la colonia Maya, municipio de Berriozábal, a casi diez kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, comenzó a funcionar, hace como ocho años, la Escuela Primaria “Carmen Serdán Alatriste”, cuyas condiciones de infraestructura no avanzan como padres, madres y maestros quisieran.

Ulises Clemente Suárez llegó a esta institución casi desde el inicio de operaciones de la misma. Sin embargo, el maestro sabe que ninguna autoridad los ha volteado a ver.
A la fecha, los once salones de clases que tienen están construidos de madera y apenas hace tres meses lograron meterles “unas tres hiladas” de block, a través del beneficio del programa “La Escuela es Nuestra”.
A él y a sus compañeros y compañeras les da tristeza que, hasta hoy, no cuenten con un patio cívico, mucho menos con un domo y su cancha de usos múltiples, como ya otros centros educativos lo tienen.
De hecho, refiere que han acudido ante las autoridades educativas y hace dos años se manifestaron para exigir el apoyo; la respuesta fue que, como era fin de sexenio, ya no los podían apoyar.
La única opción que les ofreció el Ayuntamiento de Berriozábal fue la reubicación. No obstante, el docente aclara que el terreno es más pequeño que donde están, “ni un cuarto de hectárea”.
Solo falta la voluntad del gobierno
La primaria, en la actualidad, está asentada en un terreno de casi media hectárea, condiciones adecuadas para que les construyan sus aulas, bardas y canchas.
Mientras tanto, el temor se hace presente, debido a que ya comenzó la temporada de incendios y temen que el fuego llegue a las aulas de madera, como ha ocurrido en años anteriores.
Además, otra vicisitud que viven es la presencia de animales ponzoñosos, como serpientes. A esto se le suman el exceso de polvo y otros factores ambientales que, sin duda, afectan la salud de todos, principalmente de los infantes.

“Nada más hay que darse cuenta de que no tenemos ni barda, sobrevivimos con un enmallado y ya nos han entrado a robar”, lamenta, y se cuestiona: “¿Por qué si ya estamos en el siglo XXI seguimos en estas condiciones, con una escuela de tablita?”
Reconoce inclusive el esfuerzo de los padres de familia, quienes han aportado de sus propios recursos para mantener las instalaciones e inclusive comprar ventiladores para las aulas, pues el calor es insoportable.
Lo único que piden madres y papás es que el gobierno del estado “los ponga en su radar” y les construyan una escuela de calidad, donde los alrededor de 200 estudiantes no tengan que correr entre el polvo o recibir clases en aulas improvisadas.
Manuel Pon, otro de los profesores fundadores de esta primaria, cuenta que han tenido que buscarle para sopesar las amenazas, como colocar aceite quemado a las maderas de los salones para que no se quemen tan fácil en caso de un incendio de pastizal.

“La vez pasada que salimos de vacaciones, una camioneta se vino a estampar a uno de los salones que dan a la calle, pero como es de maderita, pues se metió, imagínate si hubiera habido niños en ese momento”, se cuestiona.
Ante ello, suplica ser escuchado por la autoridad y que pronto les llegue una respuesta positiva, tan anhelada para beneficiar al alumnado. “¿Por qué no construirnos nuestra escuela? No pedimos mucho y es por el bien de los pequeñitos”.
Cae el recurso
Con Claudia Sheinbaum en la Presidencia, el panorama se vislumbra más difícil, porque, aparte de la paupérrima infraestructura educativa, la educación indígena en Chiapas requiere de al menos 5 mil profesores.
“Eso se traduce en una igual cantidad de grupos abandonados, de niños y niñas sin su maestro… es un desastre, no hay una política educativa seria, planificada, que en realidad resuelva los problemas que existen en educación básica”.
Y remata: “¿Cómo quieren que un niño siga las instrucciones de sus libros, donde les piden investigar en internet, si no tenemos conectividad? Es más, no hay ni luz y la que llega es con baja potencia; el cambio que dicen que hay es solo parte del mismo discurso político”.
En la entidad chiapaneca, según cifras del Inegi, existen más de medio millón de niños, niñas y adolescentes indígenas, de 3 a 17 años, lo que representa casi el 40 % de la población de esa edad.
Con base en la Red por los Derechos de las Infancias, de los 2 millones de infantes y adolescentes que hay en Chiapas, alrededor de 1.6 millones aún viven en pobreza.
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