* En la cancha todos queremos ganar; afuera, la convivencia es muy bonita
Cuando un club de baloncesto con trayectoria internacional —como las Bayonetas de Puebla— elige participar en un evento deportivo, no lo hace por casualidad, lo hace porque sabe que encontrará competencia de calidad, organización y, sobre todo, una experiencia formativa que trasciende la duela.
Así llegan a la XXII Espartaqueada Deportiva Nacional las categorías 2008-2009 del Club Bayonetas A.C., una institución poblana con más de una década formando talentos que han llegado a selecciones nacionales y torneos en República Dominicana, Ecuador, Puerto Rico y Argentina. En esta ocasión arribaron a tierras tecomatecas bajo la guía de la entrenadora Leonor Monguía, estas jóvenes promesas del baloncesto se enfrentan a un reto distinto: competir en el corazón de la mixteca poblana, en un municipio pequeño pero que cada dos años se convierte en el epicentro deportivo de miles de jóvenes de todo el país.
“No es la primera vez que venimos, es la cuarta ocasión”, comenta la entrenadora Leonor, con la tranquilidad de quien conoce el terreno. “Para varias de las chicas es nueva experiencia, y encontrarnos con equipos de tanto nivel es justo lo que venimos a buscar. Acostumbradas a competir en otros circuitos, aquí encuentran equipos igual de fuertes, y eso es justo lo que necesitan para seguir creciendo”.
Y es que la Espartaqueada no es cualquier torneo, lo que comenzó como una iniciativa del Movimiento Antorchista para llevar el deporte a las colonias y comunidades más humildes, se ha convertido en un semillero de talento que hoy atrae a clubes de primer nivel. Con eliminatorias municipales y estatales que garantizan que solo los mejores lleguen a la fase nacional, el nivel de competencia es sorprendentemente alto.

Leonor lo sabe bien. Además de venir con Bayonetas, ella tiene su propia academia —Dragones—, que en esta ocasión se quedó en la eliminatoria estatal: “Por un punto perdimos y no pasamos”, recuerda. “Eso habla del nivel que hay desde las etapas anteriores. No cualquiera llega aquí, y el que llega, llega porque verdaderamente compitió. Ojalá más academias conocieran este proceso, porque aquí se encuentra calidad deportiva de verdad”.
Un esfuerzo colectivo que abre puertas
Lo que distingue a la Espartaqueada de otros torneos es su espíritu incluyente, pues mientras que en competencias comerciales los equipos deben costearse todo —inscripciones, transportes, hoteles y alimentos—, dejando fuera a quienes no pueden pagarlo, aquí la historia es distinta. Antorcha, a través de colectas, rifas, ventas y el trabajo de sus activistas, solventa los gastos de hospedaje, alimentación y transporte para los miles de deportistas, entrenadores, paramédicos, personal de seguridad y la utilería necesaria para cada disciplina.
“Hay que reconocerlo: no cualquiera te da alimentación, hospedaje y transporte”, enfatiza Leonor. Eso es algo que debería ser un ejemplo para las instituciones. Aquí, en la Espartaqueada, los jóvenes pueden competir sin que sus familias tengan que endeudarse. Eso es lo que hace grande a este evento: que el deporte no sea un derecho para todos.
Las instalaciones, asegura, han mejorado notablemente con el paso de los años: “El crecimiento es impresionante. Ver el edificio de la Casa de Cultura, las calles pavimentadas, las canchas... todo ha mejorado. Nos tocó quedarnos en el CBTa No. 110 y las instalaciones están muy bien, con dormitorios, baños, espacios amplios. Una mamá nos decía: 'mira qué tanto terreno tienen'. En 10 años, esto va a crecer aún más”.

Talento que se encuentra y se reconoce
Para las jugadoras, la experiencia va más allá del marcador. Dulce Andrea Rodríguez, con ocho años practicando basquetbol, ha competido en torneos como la Liga Telmex, la Copa Azteca y eventos de ADEMEBA. Sin embargo, la Espartaqueada ocupa un lugar especial en su memoria: “La verdad este torneo me gusta mucho porque nos abre a otros mundos. No es solo competir con gente de tu estado, sino con equipos de Yucatán, Chiapas, de muchos lados” —comparte. “Y el nivel es fuerte, las niñas de aquí juegan con mucho corazón, son más agresivas en la cancha. Eso nos exige más y nos hace mejorar”.
Lo que más valora, sin embargo, es el ambiente: “En la cancha todos queremos ganar, damos todo. Pero afuera, la convivencia es muy bonita. Haces amigos, compartes experiencias, te tomas fotos. Ves a otros equipos, como los de bolillo criollo, y dices: ‘guau, qué nivel’. Eso te motiva".
Su compañera Dayana, originaria de Acatlán de Osorio y participante por primera vez, coincide. Aunque ya conocía Tecomatlán, nunca había vivido una Espartaqueada Deportiva desde adentro, como competidora: “Está padre convivir con nuevas personas, saber que hay niñas con mucho talento. Los partidos son intensos, pero al final del día todos somos amigos. Eso es lo chido, que puedes competir fuerte y luego convivir tan tranquilo”.

Un pueblo que recibe con los brazos abiertos
Tecomatlán, con su clima cálido y su gente hospitalaria, ha sabido ganarse el cariño de las visitantes: “Es un pueblo muy lindo”, dice Dulce. “Ya había venido hace dos años, pero no recordaba lo bonito que es. La comida, la feria, los partidos, hasta las cosas chistosas que nos pasan durmiendo todas juntas... todo eso hace que el recuerdo sea muy especial. Es diferente a otros torneos, lo disfrutas más”.
Dayana, por su parte, se lleva una lección enriquecedora: “Aquí te das cuenta en qué nivel estás y a dónde quieres llegar. Aprendes de los demás, ves cosas nuevas y te das cuenta de que el talento está en todos lados, no solo en las grandes ciudades”.
Para la entrenadora Leonor su mensaje final es de agradecimiento: “Que esto siga creciendo, que inviten a más equipos, que se den a conocer más estas etapas regionales. Porque lo que han logrado aquí, desde abajo, con unidad, es impresionante. La unidad hace que las cosas crezcan. Y nosotros, como Bayonetas, nos sentimos orgullosos de ser parte de esto. Agradecemos siempre la invitación y el compromiso que nos dan. Las chicas están dando lo mejor de sí, y eso es lo que importa".
En la cancha, el balón sigue botando, las Bayonetas saltan a la cancha una vez más, listas para escribir otra página en su historia. Y en las gradas, el público de Tecomatlán las recibe con el cariño de quien sabe que en esta pequeña esquina de la mixteca, se está gestando algo grande.
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