Basta con salir a las calles para darnos cuenta que la Ciudad de México presenta un deterioro importante en la calidad de vida de sus habitantes, algo que contrasta en gran medida con los altos edificios y el mito de ser una sociedad cosmopolita, de derechos y de amplias oportunidades para todos los sectores, sin embargo, una realidad, que aunque pese, no sólo debemos aceptarla, sino hacer algo por cambiarla: millones de personas viven entre la precariedad, la desigualdad y la falta de empleo digno.

De acuerdo con el análisis “La pobreza laboral cierra 2025 en 32.3% de la población”, publicado por México, ¿Cómo Vamos? en febrero de 2026, el 32.3% de la población en el país no cuenta con ingresos suficientes para adquirir la canasta básica. Este dato refleja que, la precariedad laboral continúa siendo una constante. En el caso de la capital, la situación también muestra señales de alerta. El mismo informe señala que la Ciudad de México fue una de las entidades donde la pobreza laboral registró incrementos recientes, lo que deja al descubierto la fragilidad de las condiciones económicas de cientos de familias capitalinas, en una de las zonas más importantes del país.
En definitiva, aparte de innumerables casos de personas viviendo en las calles, una de las caras más visibles de esta desigualdad es el incremento en el empleo informal, pues tropezamos con tantos vendedores ambulantes que desde muy temprano salen a las calles a tratar de ganarse el alimento del día. Al respecto, el mismo organismo detalló que alrededor del 55% de los trabajadores en México se encuentran inmersos en la informalidad, es decir, vendiendo en las calles y avenidas, sin ningún tipo de seguridad social
El diario El País, en su publicación del 1 de mayo de 2025 señaló que más de 32 millones de personas laboran en estas condiciones, muchas veces con ingresos insuficientes y sin estabilidad.
En la capital, esta situación se hace evidente en muchas de sus calles, en donde se ofertan todo tipo de productos, en puestos improvisados en donde se tiende una sábana para colocarse, o con tantos vendedores que recorren las largas filas de coches en el tráfico, muchas veces también cargando a niños pequeños. “La Ciudad de México cerró el 2025 con 2.2 millones de personas dedicadas a una actividad informal”, publicó el diario La Jornada, el 3 de diciembre de 2025.
Un reportaje de El País, publicado el 6 de abril de 2026, sobre la disputa por el espacio público en la ciudad, señala que actividades como la de los llamados “franeleros” reflejan no sólo desorden urbano, sino también la falta de oportunidades, pues muchas personas recurren a estos trabajos ante la ausencia de opciones formales.

La desigualdad en la Ciudad de México no es un tema aislado, ni problema de unos cuantos, pues es muy visible que mientras algunas zonas concentran altos ingresos y servicios de calidad, en otras persisten carencias importantes y básicas para vivir una vida digna: como servicios urbanos, agua potable entubada, transporte público, vivienda digna, seguridad. Además, se suma que una parte significativa de la población en la capital presenta ingresos inferiores, incapaces de ser los suficientes para poder cubrir necesidades mínimas indispensables como alimentación, vestido, educación de los hijos, vivienda, entre otras.
Este es un problema generalizado en todo el país, donde también se suma el alto costo de vida. El mismo análisis de México, ¿Cómo Vamos? señala que el 61% de la población mexicana no cuenta con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades, lo que coloca a millones de personas en una situación de constante vulnerabilidad. Por lo tanto, la población mexicana y los capitalinos giramos en medio de un círculo difícil de romper: bajos ingresos, empleo informal, falta de seguridad social y, en consecuencia, mayor riesgo ante cualquier crisis económica o de salud.
Y aunque la realidad nos grita en la cara que las cosas no están bien, las autoridades de gobierno siguen tratando de endulzar el oído de los mexicanos con datos halagüeños, claramente maquillados, cifras que apuntan a una reducción de la pobreza en ciertos periodos, sin embargo, especialistas coinciden en que estos avances son limitados si no se atiende el problema estructural del empleo. Como ha señalado el diario El País en diversos análisis sobre el mercado laboral mexicano, la informalidad sigue siendo una de las principales tareas pendientes de la economía nacional.
Por lo tanto, la Ciudad de México presenta una contradicción profunda: es una ciudad que genera riqueza, pero también reproduce desigualdad. Mientras no se garantice empleo formal, salarios dignos y acceso equitativo a derechos básicos, millones de personas seguirán sufriendo precariedad.

Pero si algo debe quedarnos claro, es que toda esta problemática no se va a combatir sólo con entender y observar, aunque el entender sea ya un avance concreto, porque son millones de seres los que viven con una venda en los ojos, y no se dan cuenta de estos problemas, pero urge una visión clara en cada uno de los habitantes de México, y de esta gran ciudad, que cada día sean más los que se sumen al grupo de mexicanos conscientes. Una vez hecha esa labor, se debe combatir esta realidad, exigiendo a los gobiernos en turno políticas públicas que transformen de fondo las condiciones laborales y sociales de quienes hoy no viven plenamente de su trabajo y que apenas logran sobrevivir.
El cambio se puede lograr, pero es necesario unirnos y no estar dispersos, en ideas y en acción, sólo así podemos tener la esperanza de que nuestro país se convierta en uno más justo para vivir.
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